lunes, 28 de enero de 2008

El amor de un padre por su hijo

Si, en este mundo, hemos de sentir orgullo es por el infinito amor de nuestros padres por cualquiera de nosotros. Se trata de un auténtico regalo de valor incalculable, que, a veces, se transforma en una maravillosa historia de altruismo, dulzura, lealtad, nobleza, sacrificio, grandeza, ternura y bondad, como es el caso de Dick y Rick Hoyt (Team Hoyt).

Quizás para muchos os sea desconocida, pero seguro que más de un practicante del triatlon ha sacado fuerzas de flaqueza al recordar este ejemplo de superación y entrega, pues Dick y Rick podrían ser uno de nosotros.

Corría el año 1962, cuando llegaba al mundo Rick Hoyt en Massachussets (EE.UU), quien, por desgracía, nacería con una hemiplejia espástica causada por una falta de oxígeno en su cerebro, debido a su propio cordón umbilical.

La imposibilidad de mejora en su estado vegetativo le condenaba de por vida a una silla de ruedas y completamente dependiente, hasta el punto de que especialistas médicos plantearon a sus padres la posibilidad de la eutanasia, cuando Rick sólo contaba con 8 meses.

Sin embargo, tras los primeros nubarrones, la familia Hoyt siguió luchando por una mejor calidad de vida de Rick, llegando a entregar 5.000 dólares a la Universidad de Tufts en 1972, con los que un grupo de científicos desarrollaron un ordenardor interactivo que permitía escribir a Rick mediante movimientos de cabeza con los que marcaba las letras ordenadas.

¿Cuáles fueron sus primeras palabras? ¿Alguien se lo imagina? Para sorpresa de todos, su primera frase fue "Vamos Bruins" (equipo de hockey sobre hielo que jugaba en esas fechas la final de la "Stanley Cup", campeonato más importante del mundo de este deporte).

La celebración de una carrera de cinco millas para recaudar fondos destinados a un deportista que se había quedado paralítico tras un accidente significó el punto de inflexión en la vida de Rick y su padre Dick.

Éste último, deportista aficionado, decidió acudir a la competición en compañía de su hijo, pero no como público, sino tomando parte en la misma: Dick corría al mismo tiempo que Rick iba en su silla de ruedas que era empujada por su padre, pero lo más representativo de ese día serían las palabras que Rick dirigió a su padre: "es la primera vez en mi vida que no me he sentido discapacitado".

A partir de ese fecha, la leyenda del Team Hoyt comenzó a labrarse: 81 media maratones (marca personal de 1 hora y 21 minutos); 65 maratones (marca personal de 2 horas y 40 minutos); 206 triatlones (6 de ellos Ironman con menos de 14 horas en esta prueba); y 45 días cruzando Estados Unidos.

A lo largo de más de 25 años, mientras Dick corría, Rick iba en una silla adaptada para la carrera. Si al padre le tocaba nadar, el hijo iba en una barca hinchable arrastrada por su padre, con un arnés a la cintura. Cuando tocaba bicicleta, Rick iba en un asiento colocado en la parte delantera.

El lema de "nada es imposible" siempre les acompaña, por cuanto refleja lo que el amor de un padre hace por un hijo.




No dejes de ver estos vídeos:








7 comentarios:

Miguel Schweiz dijo...

Jo Alex es escalofriante... Qué grandioso. Tengo los pelos de punta, de verdad.
Un caso, como otros que parece increíble pero que se da; por eso pienso que nada, nada, es imposible.
Un fuerte abrazo

Soraya dijo...

Alex, que grande es el amor filial, es un amor tan profundo que realmente se da la vida por el otro en cada acto y en cada renuncia que se podemos hacer.

Un beso, maravillosa entrada.

Soraya

Alex Sual dijo...

Gracias por vuestras palabras... A veces hay historias que merece la pena darlas a conocer y ésta es una de ellas... me encanta el espíritu que transmite...
Besos...

Calle Quimera dijo...

Volveré a ver los videos.Salud¡¡.

Miguel Schweiz dijo...

Alex te he dejado un premio :)

Soraya dijo...

Pasaba por aca, te dejo un abrazo fuerte.

Soraya

Silvia dijo...

Los vi hace un tiempo en televisión y la verdad es impresionante lo que pueden llegar a hacer.
Un beso Alex, cuídate

 

Design by Amanda @ Blogger Buster