miércoles, 10 de octubre de 2007

Una imagen vale más que mil palabras

No hay muchas palabras que decir, porque ya están dichas casi todas, por eso simplemente dejo este lazo como muestra de mi apoyo...

domingo, 7 de octubre de 2007

Sin título

Soy un papel de periódico, que abandonas en un rincón al caducar.
Soy un trozo de cartón, que haces añicos tras pasar el invierno.
Soy un carrito de supermercado, repleto de cacharros de segunda mano.
Soy un coche pasado de moda, listo para ser despiezado.
Soy una lata de refresco, una y mil veces pateada tras su consumo.
Soy un álbum de fotografías al que sólo miras para recordar.
Soy un longevo baúl que contiene un viejo traje de sastre y una colección de amargos recuerdos.
Soy un dulce y afligido corazón que lo hubiera dado todo por un beso o por un perdón.


jueves, 4 de octubre de 2007

La fuente de la juventud

Había una vez un viejo carbonero que vivía con su esposa, que era también viejísima. El viejo se llamaba Yoshiba y su esposa se llamaba Fumi. Los dos ancianos eran admirados por el amor mutuo que se habían profesado durante más de cincuenta años. El suyo había sido un matrimonio concertado por sus padres, pero desde el día del casamiento, la admiración y adoración fueron mutuas.

Pero últimamente, una preocupación llenaba de congoja sus corazones. Ambos eran mayores y sabían que ya no les quedaba mucho tiempo. Yoshiba se había convertido en las manos de su esposa y Fumi en sus ojos y sus pies, y no sabían cómo podrían superar la muerte de alguno de ellos.

Una tarde, Yoshiba sintió la necesidad de volver a ver el lugar donde había trabajado durante más de cincuenta años. Pero al llegar al claro del bosque y observar los árboles, se dio cuenta de que había algo nuevo. Tantos años trabajando allí, y nunca se había fijado en que debajo del mayor árbol había un manantial de agua clara y cristalina. Yoshiba sintió una terrible sed y se acercó a la fuente. Cogió un poco de agua y bebió. Al rozar sus labios, sintió la necesidad de beber más, pero al inclinarse de nuevo observó su reflejo en el agua y vio que habían desaparecido las arrugas de su rostro, su pelo era otra vez una hermosa y negra cabellera y su cuerpo parecía más vigoroso y fortalecido. Aquel agua tenía un poder misterioso que lo había hecho rejuvenecer.

Se fue corriendo a decírselo a su esposa. Cuando Fumi lo vio llegar no le reconoció hasta que se fijó en sus ojos. Entonces Yoshiba le contó lo que había ocurrido en el bosque. Decidió que fuese por la mañana, porque ya era de noche y no deseaba que se perdiera.

A la mañana siguiente, Fumi se fue al bosque. Yoshiba calculó dos horas, porque aunque a la ida tardaría más por su edad y la falta de fuerza, a la vuelta llegaría enseguida porque habría recuperado su juventud. Pero pasaron dos horas, y tres, y cuatro, y hasta cinco, por lo que Yoshiba empezó a preocuparse y decidió ir él mismo al bosque a buscar a su esposa. Cuando llegó al calro, vio la fuente, pero no encontró a nadie. Entre el murmullo de las hojas y el crujido del agua oyó un leve sonido, como el que hace cualquier cría de animal cuando está sola. Se acercó a unas zarzas, las apartó, y encontró una pequeña criatura que le tendía los brazos. Al cogerla, reconoció la mirada. Era Fumi, que en su ansia de juventud había bebido demasiada agua, llegando así hasta su primera infancia. Yoshiba la ató a sus espaldas y se dirigió hacia casa. A partir de entonces, tendría que ser el padre de la que había sido la compañera de su vida.


Anónimo japonés

martes, 2 de octubre de 2007

"Fingers, ataque terrorista"

No sé si será casualidad o capricho del destino, querido visitante, pero mi extensa filmoteca cuenta con una serie de tropiezos cinematográficos, bajo la denominación “Sorpresas”, que me han dejado una particular impronta: lo inesperado, sensación no siempre compartida con películas de gran renombre y mucha decepción.

Hace poco experimenté esa efecto con “Fingers, ataque terrorista” (2006), filme que recomiendo no te pierdas porque no va a defraudarte y, sobre todo, no va a dejar aburrirte en ningún momento, pero, si esperas escenas de guerra plagadas de tremendos efectos especiales, siento decir que se aleja de esa primera imagen que nos puede venir a la cabeza al ver su título.

Todo comienza cuando su protagonista, Martjin (Ryan Philippe), decide dejarse llevar por sus idealismos para integrarse en un programa alimenticio financiado por donativos particulares, por lo que se traslada a Marruecos donde tratará de realizar sus objetivos de ayuda.

Antes de emprender su viaje, Martjin nos descubre parte de su vida como su pasión por el piano y un amor incondicional por su novia, a través de hermosas escenas por distintos rincones de Holanda.

Con la mochila en ristre y el billete en la mano, Martjin, acompañado de su novia, se desplaza al aeropuerto desde el que emprenderá el vuelo hacia su nuevo destino, pero, antes de embarcar, descubre estupefacto el tipo de persona que le hará de guía en aquel país, que, por decirlo de algún modo, es un poco impresentable.

Una vez en Marruecos, su ilusión de colaborar con causas filantrópicas se verá completamente empañada al ser capturado junto a su guía por un grupo terrorista local, cuyo líder es encarnado por el siempre fascinante acto Lawrence Fishburne, quien cumple con su oscuro papel de una manera intachable.

A partir de ese momento, el cautiverio de Martjin y su guía nos emplazará a un enigmático almacén donde irán entrando en escena otros miembros del grupo terrorista, quienes no dudarán en emplear los métodos más espeluznantes para obtener la información que desean, si bien la duda se instalará en el espectador al ignorar la finalidad real de los datos que pudieran conseguir, mientras Martjin no cesará en ningún instante en su firme propósito de huir y retomar su antigua vida.

Lo que pasará entre las paredes de aquel almacén lo dejo para los amantes del suspense que quieran deleitarse con los descubrimientos que vayan haciendo a medida que transcurre la película.

lunes, 1 de octubre de 2007

Cara a cara

Esta noche quise mirar la luna y bañarme en su luz. Esta noche quise contemplar el cielo y emborracharme de estrellas. Simplemente no pude.

Mi mirada perdida, mis ojos húmedos, tantas noches tristes, tantos días solos, pero mi llanto no era un cántico de desesperación, sino una oda al amor.

Mis lágrimas, tantas veces contenidas, mi sonrisa, tantas veces desdibujada, fluían por amor y, aunque su sabor amargo, secaba mi garganta, una extraña mueca de felicida abrazaba mi corazón.

Una bella melodía hacía bailar mi alma entre sonrisas y lágrimas. Unas notas mudas inundaban mi soledad. ¡Cuán náufragos nos llegamos a sentir al amar!.

Pero no, no lloro por tu ausencia, ni siquiera lloro por saber que no te tendré. Lloro por saborear el dulce trago..., lloro ante el embriagador aroma de ese sentimiento llamado amor.

¡Qué insignificantes nos sentimos ante el ser amado!, ¡qué gigantes nos volvemos a sentirnos amados!, ¡qué vulnerables nos convertimos en sus manos!...

¿Cómo explicártelo?, ¿cómo hacer que lo entiendas?. Sólo dándote amor, podrás comprender que éste nace con una sonrisa, crece con un beso y acaba con un lágrima.

Cara a cara, me encontré una luz deslumbrante, cegadora, desconocida, pero me permitía vislumbrar que, tras ella, estarías siempre tú.

Asustada, temblorosa, quizás hasta avergonzada, tendí mi humilde mano para alcanzar, para tocar, para sentir aquella luz y experimenté su tacto tan suave, tan reconfortante, pero, al abrir mis ojos, percibí tu mano aferrando la mía y una lágrima bautizó aquel instante para la eternidad.

En ese momento, comprendí que aferrar tu mano por primera vez es aferrarla para siempre.

Los días pasarán, las noches llegarán, los años caerán, pero ese mágico y tímido gesto perdurará imborrable sin que los otoños le afecten, ni los huracanes lo azoten.

Querría escribir más palabras llenas de sentimientos, querría construir una canción, querría detener el tiempo, pero nada ni nadie podrá cambiar, ni siquiera podrá deshacer el lazo de tu mano asida a la mía. ¿Entiendes?

Podría besar tus labios hasta que se secaran, podría mesar tus cabellos hasta que se tornaran grises, podría acariciar tu piel hasta que perdiera su juventud, podría decirte "te amo" hasta que mi tímida voz se apagara, pero tu mano y la mía permanecerían unidas con la misma magia en la tierra y en el cielo.

¿Puedes comprenderlo? ¿Sabes qué quiero decirte?
 

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